Tuesday, May 07, 2013

SirVideos. La Trilogía de los Huevos. I. La inmersión.


Sabido es que durante la Edad Media, un poco antes y un poco después también, desde la Iglesia católica y su Santa Inquisición se inició uno de los períodos más negros para aquellos que eran acusados de herejía o brujería o que simplemente pensaba distinto o tenían otras creencias. Perseguidos, acusados falsamente de delitos que por lo general no estaban ni cerca de cometer, cientos de miles de inocentes fueron torturados hasta la muerte por aquellos que enarbolaban las banderas de la fe, la moral y las buenas costumbres.

Sin embargo aquí no nos extenderemos ampliamente sobre esta cuestión pero sí la traemos a colación ya que de entre los procedimientos que los “tribunales” utilizaban para obligar a los acusados a confesar sus pecados-delitos se encontraba un mecanismo que la gastronomía universal ha recogido, dejando de lado el sufrimiento, el dolor, la sangre e incluso la muerte de los actores que participan del proceso, y que bien nos sirve para testear, chequear, verificar, constatar que los huevos, sí señores, los huevos que estamos por cocer, son o no frescos, están o no aptos para el consumo humano. 

Ahora bien, ¿cuál es el procedimiento medieval que rescatamos en este post? Bueno, si más o menos fuiste atando cabos entre el título del post y lo que te acabamos de contar es probable que ya lo hayas descubierto.

Sí, estamos hablando de las “ordalías de agua”. Esta prueba, que formaba parte de los llamados “juicios de Dios” (u ordalías a secas), con las que, como decíamos, se pretendía inculpar o absolver al acusado de los delitos que se le imputaban (brujería, entre ellos).

¿En qué consistían las “ordalías del agua”?

Según nos comentan los libros había dos mecanismos diferentes: la ordalía con agua fría, que es la que nos interesa aquí, y otra con agua hirviente.

- En la prueba del agua caliente, el acusado debía retirar con sus manos desnudas (o sea, sin ningún tipo de protección, qué gracia tiene sino) un anillo o una pequeña piedra de un caldero (olla, etc.) con agua hirviendo.

La del agua fría era aún más espeluznante:
- El acusado era atado de pies y manos (para que no pudiera nadar) y luego se lo arrojaba a un pozo con agua (bien deslizado con una cuerda que se dejaba floja o bien librado a su suerte). Como se consideraba que las brujas eran más livianas que el agua, si la acusada quedaba flotando, la sacaban para quemarla viva. Si por el contrario, se hundía, se comprobaba su inocencia y se la libraba de culpa y cargo, aunque en la mayoría de los casos igualmente morían ahogadas en el proceso.

Ahora que sabemos de dónde viene el mecanismo, volvemos al aquí y ahora.

Algún sabio cocinero tomó esta idea para testear si los huevos son frescos o no. Trazando un parangón con la “ordalía del agua fría” razonó que si el acusado (aquí hablamos del huevo) quedaba flotando o no se hundía con facilidad dentro de un recipiente con agua quería significar que estaba “embrujado”, “envenenado”, o bien pasado, vencido, podrido, razón por la cual debía desecharse de plano. En cambio, si se dirigía sin problemas hacia el fondo del recipiente no quedaban dudas de que era inocente, que en su interior no se alojaba el demonio, y por tanto estaba apto para el consumo.

Todo lo cual nos sirve de presentación para el video que acompaña y forma parte principal de este post. En él te contamos justamente lo que acabamos de escribir pero al estar filmado con cámaras de video lo vas a poder ver y entender cabalmente cómo es el proceso. Yo que vos lo miro.


 Duración: 4', 55".


En la segunda parte de La Trilogía de los Huevos indagaremos sobre el proceso de cocción. A estar atentos.


Saludos.
SirThomas.

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